Descubrí.
Y justo al entrelazar nuestras manos descubrí que aquí pertenecía. Que este es y sería siempre mi lugar. Junto a mis sombras, mis miedos, y todo lo que me atormenta.
Descubrí que junto a ti, todo aquello se hacía pequeño, todos mis miedos acababan y daban paso a la felicidad. Tú con tu seguridad y simpleza me dabas vida. ¿Cómo irme de aquí ahora? ¿Cómo apartar de mi vida tu luz?
Descubrí que no me importaban las palabras, los detalles, ni las largas cartas. Con tu simpleza, tus buenos días y un "¿cómo estás?" me hacías feliz. No era fácil explicar lo que teníamos, tampoco era necesario hacerlo.
Descubrí que la distancia se hacía pequeña cuando me decías "quiero verte" y que con solo una mirada me sentía en mi hogar. Y que a eso que antes llamaba hogar no lo era, más si tus brazos y tu mirar.
Descubrí que el romanticismo para mi tenía otra definición. Que eso de flores y chocolates era necesario, mas no indispensable. Con solo una caricia y el escuchar un "mi amor" ponías mi mundo al revés. ¿Y para que quiero flores y chocolates? Al final estas se marchitan, y el chocolate engorda.
Descubrí que todo lo que necesito lo tenía contigo, que a tu lado estaba mi paz. Porque para amarte había nacido yo, para entregarte todo.
Porque podía imaginar mi vida a tu lado, más no necesitaba certeza de que eso iba a suceder. Solo tú y yo, yo con mis miedos, y tú con tu valentía para los dos. Yo dispuesta a darlo todo, y tú en la espera de más.
Comentarios
Publicar un comentario